El dolor de espalda: mucho más que un problema “físico”
¿Por qué está mal reducir mi dolor de espalda a lo corporal únicamente?
El dolor de espalda, especialmente el dolor lumbar o de espalda baja, es una de las consultas más frecuentes en fisioterapia y también una de las más complejas. Muchas veces se aborda sólo desde lo físico: una vértebra, un músculo, un disco o algún tejido “dañado”. Sin embargo, hoy sabemos que en aproximadamente la mitad de los casos el dolor no se explica únicamente por una lesión estructural, sino que existen muchos factores externos que influyen. Las personas no somos solo un cuerpo. Somos seres biopsicosociales, lo que significa que nuestra salud está influida por tres grandes áreas: el cuerpo, la mente y el entorno. Nuestras emociones, el estrés, la forma en la que vemos el mundo, el trabajo, la familia, lo que comemos, el ejercicio y las experiencias del día a día influyen directamente en cómo se comporta nuestro cuerpo. Por eso, cuando el dolor de espalda se vuelve persistente, no existe una sola causa. Todo lo que hacemos y lo que sentimos tiene un impacto.
Los estudios dicen…
Diversos estudios han demostrado que vivir de manera constante con altos niveles de estrés, ansiedad o miedo mantiene al cuerpo en un estado de alerta permanente. Cuando la mente percibe amenaza o inseguridad por mucho tiempo, el cuerpo responde y cambia cómo vemos y percibimos nuestro cuerpo. Muchas veces estas respuestas se manifiestan a través del dolor, fatiga extrema, problemas para dormir e incluso puede hacer que una lesión previa tarde más en mejorar. En estas situaciones también se producen cambios en el cerebro: cambia la forma en la que se percibe el dolor y la manera en que el cuerpo intenta manejarlo,cambia también nuestra respuesta ante problemas y cómo funciona el cuerpo a nivel del metabolismo. Por eso, las personas que atraviesan conflictos laborales, familiares, económicos o sociales tienen más probabilidad de desarrollar dolor lumbar crónico, incluso cuando las imágenes o estudios no muestran un daño importante.
Por todo esto, el dolor de espalda es una condición compleja que va mucho más allá de lo que se ve en una resonancia o una radiografía. siempre tiene que ver con nuestro contexto de vida y todos los factores a los que estamos sujetos y con los que interactuamos. Tratar el dolor de espalda también implica prestar atención y aprender a identificar situaciones que generan tensión o vulnerabilidad en la vida diaria, ya sea en el trabajo, la familia, la pareja, el transporte, la economía o el entorno social, así como construir técnicas para modular todas estas sensaciones. De hecho, la relación entre la intensidad del dolor y el grado de incapacidad o limitación que genera en nosotros es mucho más chica de lo que pensamos. En muchos casos, influyen más la percepción que tenemos sobre nosotros mismos como el miedo a movernos, los pensamientos negativos, la ansiedad y el estrés. Esto significa que, a veces, la limitación no aparece porque nuestro cuerpo no pueda, sino porque nuestro cerebro entra en un “modo de protección” o un bloqueo para protegernos de lo que cree que nos puede lastimar más. Es nuestro deber como fisioterapeutas, para reducir este bloqueo, entender el contexto de nuestros pacientes y los factores que la rodean..
Se ha observado que el dolor de espalda baja es más frecuente en personas que estan expuestas a un ambiente de trabajo o personal amenazante: jornadas muy largas, horas extra constantes, malos tratos en el trabajo, problemas económicos o falta de estabilidad. Pero no solo el trabajo influye. Vivir en un entorno inseguro, sentirnos poco valorados, no sentirnos necesarios o no encontrar espacios para descansar también puede hacer que exista el dolor de espalda aparezca y se mantenga.
¿Y entonces qué hago?
Existe un factor muy importante que actúa como protector: la autoeficacia. Esto se refiere a las creencias que tenemos cada quien sobre nuestra capacidad para afrontar situaciones, realizar tareas y alcanzar objetivos. Cuando una persona confía en sí misma y en su cuerpo, suele manejar mejor el estrés, el miedo y la ansiedad, lo que también nos ayuda a recuperar la motivación, curarnos más rápido y cambiar nuestra percepción del dolor. También se ha visto que el área social tiene un gran impacto aquí, pues una red de apoyo, amigos, actividades con otras personas pueden tener un efecto positivo en la persona y ayudar en la motivación y autoeficacia.
Y es por esta razón que lo más importante para nuestros pacientes y cuando vemos un dolor de espalda es la educación. Entender qué está pasando, y junto con nuestros pacientes identificar los factores que influyen en su dolor. Buscar pequeños cambios en el día a día. Enseñarle a nuestros pacientes que no solo se trata de “cuidar la espalda”, sino acompañarlo a que se reconecten con su cuerpo, y buscar que dentro de su contexto y ambiente se sientan más cómodos y seguros.
Tu dolor de espalda no es solo porque algo en tu cuerpo no funcione, toma un momento para pensar si existe algo, en cualquier aspecto de tu vida que te genere angustia, miedo, incertidumbre o inseguridad, porque es parte de porque hoy te sientes así.
Recuerda también que el dolor que sientas no necesariamente tiene porque determinar tu movimiento y que cuidar tu cuerpo y tu espalda también es cuidar tu mente y tu imagen sobre ti y tu alrededor.



